La torería madura del escalafón olvidado

Crónica


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ


  

Ignacio Candelas, Joselito Sánchez, Víctor Barroso, El Moli de Ronda, El Melli y Marcos Linares se dieron cita en Ubrique para medirse a los ejemplares de Los Millares. Una novillada variada en la que los astados fueron complejos y con muchas teclas que tocar, por ello la torería madura de muchos sacó a relucir su técnica y buenas maneras para no desistir y seguir insistiendo, pero haciendo bien las cosas. Es cierto que en ocasiones, no encontraron bien los terrenos y jugaban en contra de las condiciones de los animales, los cuales mostraron embestidas encastadas y una evolución favorable si se les llevaba con suavidad y por abajo, siempre muy templados. Se repartieron un total de ocho orejas, medidas y merecidas, aunque es necesario destacar las actuaciones de Barroso, El Moli de Ronda y El Melli.

Ignacio Candelas recibió al de Los Millares genuflexo, para después estirarse por verónicas y ganarle el paso con sitio. El quite de Candelas fue una continuación del saludo capotero, muy variado con un amplio repertorio. Quiso iniciar la faena de rodillas, esperándole y recibiéndole a pase cambiado por la espalda. Muy templado y mucha despaciosidad lo quiso llevar muy metido y tapado. El animal acortaba su recorrido, pero a media altura y dándole sitio entendió las condiciones que el novillo marcaba. Si se excedía el de Los Millares perdía las manos, pues escaseaba en fuerzas. Le perdió pasos evitando quedarse encima y que le tocara la tela, siempre con suavidad, era un encuentro entre tela y embestida. Se llegó a meter por dentro, culpa del viento que se adueñaba del ruedo. Por el pitón derecho se gustó, por abajo, de uno en uno, muy templado y con mucho sitio, fue en los últimos compases donde se expresó. Cerró por bernardinas y dejó una buena estocada entera en lo alto.

Joselito Sánchez no lo hizo correr, había que llevarle por abajo, sin especial lucimiento. Con la mano derecha lo inició a media altura en la franela, sacándole del tercio, al tiempo que lo probaba por ambos pitones. Se decidió sobre el derecho, a media altura, con sitio, sin terminar de romper.  En los medios, quiso llevarlo cosido, pero no encontraba el compás, así que lo dejaba pasar sin tiempo a que el animal culminara su embestida. No había lucimiento ni pulcritud en los naturales, cada uno exigía su ritmo, sin acoplarse culminando los muletazos arriba. Había que exigirle por abajo, alargando el muletazo para dejarle los vuelos en la cara y tirar del astado. Quiso depurar una faena, en la que a penas lo mostró por la izquierda, pitón por el que humillaba, colocaba y ralentizaba su embestida. Pasó en falso, hundiendo el acero al segundo intento.

El tercero de la tarde le correspondía a Víctor Barroso, dejando buenas sensaciones en el saludo por verónicas, siempre hacia delante, rematando por una chicuelina y una serpentina. Lo recibió en la franela genuflexo, sometiéndole por abajo, obligándole, con ritmo y movilidad, aunque sin faltar el tiempo y la delicadeza. Fue una faena de muletazos largos y profundos en la que la determinación llevaba un sello propio. Le daba mucho sitio, siempre guiándole con la franela, obedeciendo a las exigencias del espada. Tenía fijeza, humillaba, seguía con ritmo el engaño, sin levantar la cara. Solo tenía que tocar y tirar de la embestida encastada del de Los Millares. Los naturales parecían no tener final, jugando con la despaciosidad y longitud de su brazo para llevarlo y mostrarle salida. Toreó muy cómodo y empaque. Mató con acierto.

El número 58 de Los Millares le tocó en suertes a El Moli de Ronda, atendiendo a un toro abstraído al que le costó encelarse, por lo que El Moli desarrolló una mera labor de brega. El animal escaseaba en fuerzas, quería pero no podía, perdió movilidad. Había que engancharle con un cite delantero, pero dándole sitio y tiempo para que el animal se metiera poco a poco en la faena, siempre con suavidad. Paso atrás y con cadencia quiso lucirse, sin embargo, se quedaba corto, saliendo con embestidas defensivas. Le daba el pecho, citándole, toreando con verdad al natural. Tuvo que templarle, recurriendo al uno a uno y mucha despaciosidad, sin llevarle la contraria. Toreó por ayudados, por derecha e izquierda, pero siempre con mucho sitio. El Moli encontró el sitio y el compás. Culminó con un circular invertido, aguantando y consintiendo mucho. Deslució la faena en la espada.

Frenó El Melli al quinto de la tarde, con soltura, genuflexo, obligándole por abajo, llevándole ya toreado desde el saludo capotero. También genuflexo le dio la bienvenida en la muleta. Lo sacó al paso a los medios, atendiendo a la fijeza del novillo. Se ajustó, toreando en las distancias cortas, con una embestida pegajosa en la que tenía que ralentizar los tiempos. Con la izquierda lo toreó al natural, por abajo, pero de uno en uno, ajustando su movilidad. La media altura para citar y la salida por abajo dotaba las series de mayor continuidad, alargando el brazo y girando sutilmente su muñeca, ampliando el muletazo. No se la quitó del morrillo, aprovechando el avance pausado del de Los Millares. Le faltó sitió, para no asfixiarle, tenía los naturales muy medidos, sin excederse. Configuro en sus terrenos una buena faena en la que la técnica y la razón no faltaron. La suerte suprema la ejecutó extraordinariamente. 

Marcos Linares cerraba el festejo con un saludo capotero iniciado por abajo, genuflexo, para seguir por verónicas, dándole sitio, perdiendo la pulcritud y movilidad. Lo tanteó por ambos pitones, recibiéndole en el engaño por arriba. Se decidió por el pitón derecho, bajándole la mano, pero con demasiado ímpetu, pues el animal necesitaba temple y despaciosidad. No valían las prisas. Le quiso llevar en largo, con intención de aprovechar la inercia, intentando dejarle muy metido, recurriendo a los desplantes. Cambió los terrenos, dándole sitio y tiempo, siempre suave, dejándosela puesta por abajo, restructurando natural por natural. No era fácil, pero había que encontrarle el punto y las teclas que tocar. Tuvo que tirar de él hacia los medios, buscando la pulcritud en los naturales para que no tocara la tela. Estuvo correcto, con mucha torería acompasando la embestida, pero no tan cómodo como en otras ocasiones. Cerró con un circular invertido. Pinchó. Le costó ejecutar la suerte.

Ubrique (Cádiz). XXI Encuentro Andaluz de Escuelas Taurinas. Novillos de Los Millares para: Ignacio Candelas, oreja; Joselito Sánchez, oreja; Víctor Barroso, dos orejas; El Moli de Ronda, oreja; Germán Vidal “El Melli”, dos orejas; Marcos Linares, oreja.

FOTO: AAET PEDRO ROMERO

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