Verdad, técnica y valor en Esquivias

Crónica

M.M.H.


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

  

Esquivias disfrutó de una muy buena tarde de toros en la que se cortaron un total de nueve orejas, tres por coleta. Los de Virgen María estaban bien presentados, aunque tuvieron sus dificultades, si querían faena y premio había que recurrir al valor, las distancias cortas y la técnica. Los espaldas estuvieron a la altura, no se dejaron nada, con auténticas partidas de ajedrez en el ruedo. 

Abría la tarde Cristian Escribano con un astado de Virgen María que remataba. Le saludó con una larga cambiada de rodilla para después seguir de rodillas hasta llevarlo a los medios, una declaración de intenciones que caló en los tendidos. Inicio la faena en los medios alternándoselo por la espalda, arriesgando. Eligió los terrenos, empezó a ligar llevándolo cosido. Tocaba, tiraba y hasta el final, enlazando muletazos. Había que llevarlo muy metido, sin quitarle la franela de la cara. Las tandas eran medidas, sin desfindarle, dándole tiempo y sitio. El cite delantero y cruzado eran un prólogo de la profundidad y determinación del natural. El animal obedecía, aunque cada vez les costaba un poco más. Le intentaba abrir, haciéndole las cosas muy despacio, siempre con los vuelos. La espada quedó ligeramente caída, sonó el aviso, pero el animal dobló.

Gómez del Pilar lo recibió a Porta Gayola para después estirarse a la verónica con el segundo de la tarde. Inició la faena genuflexo, esperándole, probándole, con muletazos muy suaves. El animal remataba por alto. Le sacó del tercio y empezó a llevarlo en largo, con un trazo largo al ralentí. Las distancias cortas jugaron un papel muy importante en la faena de Gómez del Pilar, pues el astado necesitaba tiempo, pero también mucha dedicación. Había que exigirle, bajándole la mano, buscándole cada muletazo y aprovechando el escaso motor del astado. Cada vez acortaba más el recorrido y el diestro lo exprimió en cercanías, tentando a las medias arrancadas. Culminó con manoletinas y molinete. La espada entró al segundo intento.

Raúl Rivera recibía al tercero de la tarde de rodillas, con una larga cambiada, que después continuó hasta sacarlo a los medios, estirándose con el capote. También se lució y cautivó llevándolo al caballo. Brindó y en las tablas lo recibió en la muleta, tanteándole al tiempo que lo sacaba al paso hacia los medios. Había que abrirle y templar la embestida, una embestida abrupta que derrotaba y cabeceaba en su salida. Raúl tuvo que engancharle dibujando un trazo delantero que lo metiera y llevara hasta el final. Lo llevó a media altura, recurriendo a la técnica del uno a uno, era la única forma de terminar de suavizar la embestida y de que este no se sintiera podido. Muy suave, sin tirones, se lucían, ralentizando el compás. El toque fijador y abajo ayudaban a construir su faena. Culminó su laboriosa faena con una estocada rotunda.

Escribano y el de Virgen María marcaban el Ecuador del festejo, con un saludo medido y templado por abajo. Los primeros compases de la faena parecían una continuación del saludo capotero. El animal estaba abstraído y le costaba obedecer al cite, había que cruzarse y marcar distancias para que entrara sin dejarle parar. Así logró la primera tanda, unificada y ligada. Se cruzaba y recurría a la mano delantera, capaz de enganchar la embestida desde el principio, encauzarla y darle salida, abriéndole. Le costaba humillar y cabeceaba a su salida. Escribano intentaba evitar torearlo en tablas, sin embargo el animal acudía, ya sin fuerza. Acometía en la tela pero sin mayor transmisión, rajado.  En la suerte suprema mató con acierto.

Gómez del Pilar recibió en tablas a un astado buscón que apretaba, ajustándose, pero calando en el público. En el inicio de faena, rebajó la intensidad, mirando, aunque entraba en el engaño colocando la cara y humillando. Se descalzo y siguió, dándole sitio y empezando a ligar con recorrido y determinación. Por el pitón derecho se dejaba llevar, aunque sin una embestida puramente pulcra. No se le podía obligar por abajo, siempre a su altura. Gómez del Pilar lo intentaba, las posibilidades eran limitadas y el esfuerzo infinito. Mucha técnica, una partida de ajedrez que se jugaba en la arena. Le abría, le llevaba con los vuelos, aunque quedándose corto. Se desarmó, exprimió con torería y mucho valor las condiciones del animal. Rotundidad en la suerte suprema.

Raúl Rivera recibió al último, un ejemplar suelto, pero con el que se pudo lucir estirándose a la verónica. Arriesgo en el inicio de faena, de rodillas, en el tercio jugando en sus terrenos. Siguió hasta sacarlo y comenzar la tanda sobre el pitón derecho. Suavizando y mimando la embestida, cuidándola hasta el final, dotando a los naturales de profundidad y recorrido. Raúl se gustaba y se notaba. Lo citaba con desmayo, tirando de él, dejándosela puesta, enlazando al tiempo que tocaba y ligaba uno tras otro. El diestro estaba dibujando un afaena de calidad en la que con firmeza y determinación supo cuajarlo. Lo aguantó, quedándose muy quieto, se gustó y gustó. Mató cin aseo y determinación.

Esquivias. Toros de Virgen María para Cristián Escribano, dos orejas tras aviso y oreja tras aviso; Gómez del Pilar, oreja tras aviso y dos orejas tras aviso; Raúl Rivera, dos orejas y oreja.

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