El Sirio: "Sabía que en algún momento de mi vida iba a lograrlo"

Entrevista


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

  

Hazem Al-Masri, también conocido como Alejandro "El Sirio" es el mejor ejemplo de que dejarse enseñar y querer aprender es la mejor manera de perseguir tus sueños, donde los demás solo ven banalidades, él ve magia. Su historia es la historia de una bonita casualidad. Posee una voluntad inquebrantable, que se complementa con su humildad, humanidad y nobleza. Lleva 20 años en España, enamorado de los toros, el flamenco y su gente. Desde Guarismo del ocho hemos querido repasar la historia de sus inicios, así como algunos aspectos de la actualidad. Una aportación fundamentada sobre las circunstancias que rodean al mundo del toro como consecuencia del coronavirus. El Sirio siempre ha sido muy consciente del mundo en el que se estaba adentrando, por ello comprende que no todos los toros son iguales y que puede ocurrir cualquier cosa, puedes ir y no volver. Son los pensamientos que le bombardean la cabeza en los momentos previos, pero que una vez que se enfunda el traje de torear, lo afronta y lo lleva de la mejor manera posible.

¿Por qué decidiste dedicar tu vida a los toros?

Es una especie de ilusión que tenía de pequeño. Cuando tenía 14 o 15 años, veía los toros en la Televisión Española Internacional, desde Siria. Antes, aunque no fueran muchas, las televisaban. Los toros son una seña de identidad de España y yo soñaba con ser torero, así que pensaba en que algún día, si podía, me iría a España para conseguirlo. Así me entró la afición, por la televisión.

¿Cómo afrontan en tu casa la decisión?              

La verdad, es que no dije en mi casa que quería ir a España para ser torero. Engañé a mí madre un poco, le dije que quería venirme a estudiar, a conocer mundo y a buscarme una vida mejor. Si le digo a mi madre que quiero venir a España a ser torero, primero se ríe de mi y luego no me deja, porque no es algo habitual en Siria ni tampoco normal. Allí no hay tradición taurina, sin embargo sí que hay bastante afición, porque a España siempre la hemos conocido por los toros y el flamenco. Es algo muy bonito, es una cultura viva y totalmente emocional, parece magia pero es real.

¿Qué te ha arraigado a España?

Llego a España con 18 años. Al principio, unos familiares de un amigo, con negocios aquí, me mandaron un visado y cuando llegué empecé a trabajar en una empresa. España me gustó muchísimo por su gente, muy humana y noble. Me trataron super bien. Además, es un país precioso, tenía flamenco, toros y me encantó así que decidí quedarme, quería perseguir mi sueño. Sabía que me iba a costar, empezaba no de cero, sino un poco más abajo, en un país en el que no conocía prácticamente a nadie del mundo del toro, no sabía ni que existía la escuela taurina. Sabía que en algún momento de mi vida iba a encontrar la forma de hacerme torero y por eso me quedé.

Coméntanos cómo fueron esos inicios, esa llegada a España y tu posterior participación en la Escuela Taurina de Valencia.

Realmente nunca he estado apuntado en la Escuela Taurina de Valencia fue todo una casualidad. Estuve dos años para instalarme, empezar a conocer gente y aprender el idioma para poder hablar más o menos bien. Al primero que conocía y hacía un poco de amistad, rápidamente, le preguntaba cómo y dónde podía aprender a torear, se reían de mí, me decían que para eso me tenía que ir a Andalucía y nadie sabía decirme cómo dar ese primer paso.

Un día, como te digo por casualidad, estaba trabajando y uno de mis compañeros de trabajo me vio torear con una chaquetilla, pegando unos capotazos al aire. Me preguntó que qué hacía y que si me gustaban los toros, a lo que yo respondí que me encantaban y que quería ser torero. Entonces, mi compañero me dijo que le iba a preguntar a su padre y después de unos días me indicó que justo detrás de la plaza estaba la Escuela Taurina. Pedí permiso para esa misma tarde ir a la escuela, la sorpresa llegó cuando me dijeron que no me podía apuntar porque tenía 22 años, los que empiezan lo hacen con 11 o 12 años. Sin embargo, me dieron la oportunidad de ir todas las tardes a la plaza para aprender de salón, como si fuera un aficionado práctico, y yo me lo tomé muy en serio, iba todos los días después de trabajar a la plaza de toros. Siempre me trataron muy bien.

Además, no sabía lo que era un capote o una muleta, solo distinguía los colores y me enseñaron completamente todo. Después de dos años yendo a la escuela sin estar oficialmente apuntado, el maestro Víctor Manuel Blázquez, con el tiempo mi amigo, me comentó la opción de hacerme banderillero, porque llegar a torero era muy difícil. Pregunté cómo hacerme banderillero y acepté la opción de que me pudieran ayudar toreando algún festival con los chavales y empezar a dar los pasos como banderillero.

Empecé sacándome el carnet de banderillero de novillos. Poco a poco comencé a torear novilladas y cuando alcancé las 25 sin caballos me hice el carné de banderillero de novillos toros y poder torear novilladas picadas. La gente de Valencia me ayudó mucho y los novilleros siempre que podían me daban la oportunidad. Cuando alcancé las 25 novilladas picadas, obtuve el carné de banderillero de toros, de hecho la primera corrida de toros que toreé fue en Valencia el 9 de octubre de 2012, con mi maestro Víctor Manuel Blázquez.

¿Tenías algún referente, un espejo en el que fijarte?

No es mi caso, te parecerá hasta curioso, pero me gustaban todos los toreros, yo veía todas las corridas de toros que podía, desde la plaza o la televisión. De cada torero me gustaba algo y  además se jugaban la vida, algo que todos tienen en común. En cualquier momento, el toro te coge y puede pasar cualquier cosa. 

Cuantas más veces ves una corrida más aprendes, cada vez que la ves te quedas con más cosas y la ves de forma diferente, por eso es tan mágico. Yo veo una corrida seis veces y cada vez la veo de una manera distinta y descubro más cosas de ella.

Si avanzamos hasta la actualidad… ¿Cómo es trabajar con Román?

Mi historia con Román es de amistad más que de jefe de filas. Cuando empecé a aprender a torear en la escuela, él prácticamente se acababa de apuntar, ahí empezó nuestra amistad, unas veces embestía yo y otras me embestía él con el carretón de banderillas. Por ejemplo, cuando acabábamos de entrenar le acercaba a su casa, me pillaba de paso, si su padre estaba esperándolo abajo me invitaba a cenar. Son gente muy campechana.

Román empezó a torear sus novilladas, pero tenía su cuadrilla, yo estaba empezando y tampoco podía ir con él. En 2011 cuando Román iba a debutar con picadores en Algemesí, me llamó su apoderado y me dijo, a petición de Román, que si quería torear con él, así que lógicamente contesté que me haría mucha ilusión, no me lo esperaba. La noche de su debut, me dijo que si quería incorporarme a su cuadrilla, claramente le dije que sí. También me dijo que no sabía lo que íbamos a torear al año siguiente, dos meses después de aquello me llamó para decirme que era muy posible que en Fallas toreáramos una novillada. Necesitaba prepararse y tenía la oportunidad de ir a Sanlúcar de Barrameda, una especie de cuartel donde los toreros se preparan durante el invierno, así que me fui con él, echamos todo el invierno y nuestra amistad fue a más.

Es una persona noble, llana, alegre y poco más te puedo decir de él todos lo conocemos. Lo cierto que toreé con él durante un año y luego no pude ir con Román por circunstancias, hasta 2016 que volví a su cuadrilla y hasta hoy.

Lamentablemente tenemos que hablar del coronavirus ¿Qué está suponiendo para vosotros, para ti?

La verdad es que para todos nosotros, para todos mis compañeros, incluyendo a picadores, matadores, mozos de espadas, ayudas, empresarios y ganaderos es un desastre. Pero no solo dentro del mundo del toro, esto ha paralizado el planeta. Como bien sabes, Manuel Martínez Erice apoderaba este año a Román y tenían un proyecto muy bonito para la temporada.

Nosotros nos hemos preparado como todos los inviernos, al máximo y con mucha ilusión. La primera corrida era en Castellón y se suspendió, no digo que todo el trabajo del invierno se haya perdido, pero te dan bajones y piensas que qué mal y más nosotros que vivimos exclusivamente del toro. Nuestros ingresos vienen del toro, como ocurre con muchos ganaderos y empresarios, su vida es la Tauromaquia.

Yo me he tenido que incorporar a trabajar porque tengo que sobrevivir, como todo el mundo. He tenido suerte porque enseguida me he enganchado a trabajar  y cuando se puede ir al campo, Román me llama y me lleva al campo. A pesar de que todo esto sea un desastre, lo superaremos, el año que viene vendrá mejor e incluso en agosto y septiembre de este año, según hablan, se vuelva a torear. No sé la cantidad, pero torear es una ilusión y sueñas todos los días con ello, si es mañana mejor que pasado. Solo podemos esperar y que la gente no se contagie ni fallezcan más personas, lo más importante es la vida. Los toros volverán mejor que antes cuando todo esto pase.

¿Consideras que es el momento de darle una vuelta a la fiesta?

No te puedo decir mucho de este tema porque soy el menos indicado. Ningún trabajo es perfecto, ninguna empresa lo es. Hemos cometido errores en el pasado, pero lo podemos corregir y mejorar. Los grandes son los más indicados, yo intento hacer mi labor lo mejor posible en su momento, si hay que ayudar se ayuda y si hay que ir al campo se va al campo.

Vamos con la cara más amable ¿recuerdas alguna faena más en concreto?

Pues... hay una faena del maestro Alejandro Talavante, que vi con Román en Las Ventas, a un toro jabonero de Núñez del Cuvillo que soltaba mucho la cara. El animal no embestía, era muy complicado, de hecho la gente pitaba, las cosas no estaban saliendo bien. Sin embargo, el maestro  poco a poco, con paciencia, fue estructurando la faena y acabó dominando al toro, le formó la mundial. La plaza estaba boca abajo y le cortó un orejón bien cortado, fue muy emocionante, me impactó la paciencia, la maestría y la forma que tuvo de controlar su comportamiento. Desde el primer muletazo se me quedó, fue mágico. 

Y para culminar ¿Cuál ha sido la más especial en la que hayas sido partícipe?

Con Román la verdad que ha habido muchas y muy bonitas. Lo cierto es que yo siempre banderilleo de la misma forma, como sé y como me han enseñado, no tengo mucho oficio, llevo pocos  años toreando corridas en las plazas importantes. 

Una faena de Román podría ser a un toro de Miura en Bilbao en 2017, estuvo sensacional con el segundo de la tarde, al que cortó una oreja. Cuando ese toro salió por la puerta de chiqueros era enorme, pero estuvo extraordinario. También ha habido muchas tardes en Madrid, porque en Las Ventas ha cortado orejas de mucho peso en faenas muy importantes, como en San Isidro 2019, con un toro de Adolfo Martín. Aunque hay una tarde muy especial, un 15 de agosto, en la que Román salió en hombros con la corrida de El Tajo y La Reina. Fue uno de los sueños cumplidos, salir por la Puerta Grande con mi amigo, con mi torero y con mi jefe de filas, mi jefe de cuadrilla. Hasta hoy me quedo con ese día.





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