El teléfono no suena

Artículo de opinión

Rubén Fernández en Arganda del Rey I GUARISMO DEL OCHO

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

  


La Tauromaquia es desagradecida, le das todo, le dedicas tu vida y los resultados son mínimos. Quizá el enamorado de los toros lo intenta hasta las últimas consecuencias. El pasado sábado hablábamos de las dificultades para celebrar novilladas, sin embargo, no es un caso apartado porque también afecta a las ganaderías y a los matadores de toros.

Las oportunidades escasean, de nuevo, parece que esto es una epidemia. Ni empresarios ni aficionados quieren ver el toreo de calidad. Uno se interesa por la rentabilidad de lo que organizan, mientras que los aficionados se dividen deteriorando la Tauromaquia tal y como la conocemos.

El problema es el caso de ganaderías con casi tres temporadas sin lidiar festejos o el caso de muchos matadores que durante la pasada temporada tan solo hicieron el paseíllo en dos ocasiones, una corrida de toros y un festival.

Sin embargo, en muchas ocasiones es necesario un apellido que te respalde. Pues ni el siglo de vida de una ganadería, ni la raza sobre el ruedo son suficientes para que el teléfono suene y te acartelen. Suena crítico, pero es la cruda realidad.

La verdad no vende, así como la casta, la nobleza o la clase


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