Los tentaderos del Batán

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Los tentaderos del Batán I GUARISMO DEL OCHO

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ



La Venta del Batán,  de la mano de Tauromaquias Integradas, sigue promocionando y fusionando la Tauromaquia. En la tercera jornada de los tentaderos del Batán, el público pudo disfrutar de los recortes, con dos vacas al principio y al final, eso sí, esta vez exclusivamente para ellos. De nuevo, se encargaba de dirigirlo Juan Ortega, solo que en esta ocasión solo participaron un total de 12 novilleros, que con sus más y sus menos pudieron sacar a relucir lo que llevaban dentro.

La segunda vaca de la mañana se metía por dentro, con una embestida incierta y nada clara. Sin fuerza y desmedida en la muleta, Ortega intentaba templarla y guiar su embestida, dejando poca luz a la esperanza. Había que llevarla tapada y no dejarla pensar, sin que pudiera ver otra cosa. No había mucho que mostrar, siempre por delante y con el engaño bien puesto.

La tercera entraba a buen ritmo y siguiendo el capote de Juan Ortega. En la muleta la fue sacando al paso, sin embargo, le faltaba prontitud. Había que dejársela puesta y enganchar las embestidas una detrás de otra, en busca de la ligazón. El primero de los espada la supo citar desde delante con la muleta recta, encauzándola pero sin recorrido. Había que someterla por abajo citándola con la muleta plana y cruzándose. Sin embargo, con el segundo la vaca perdió mucho, la falta de colocación de los espadas no culminaba. El siguiente en intentarlo, Gonzalo, encontró la clave, atándola en corto y buscándola al pitón contrario. El animal aprendió y había que darle una vuela, se venía por dentro y muchos lo intentaron corregir.

La cuarta protestaba, pero se dejaba llevar sometida, bajando la cara respondiendo al cite. Había entendimiento entre Ortega y la vaca. El cuarto espada citaba, la llevaba y la perdía pasos, siempre a un mismo ritmo. Con el quinto el animal era pegajoso pero con movilidad, aunque había que ganarla bien y llevarla metida, pues metía la cara. Tuvo que recurrir a la mano baja y no quitarle la franela de la cara. El sexto lo supo llevar, coordinándose entre ellos. El animal solo demandaba mano baja, que la sometieran y la llevaran a buen ritmo. El séptimo le dio amplitud y recorrido a la embestida, citándole por delante y obligándole hasta el final y volver. El octavo poco que añadir. El astado tuvo aguante y esmero en la tela si se le hacían las cosas bien. Aunque una vez resuelto el misterio de su embestida solo tuvieron que aplicarse y saber ver lo más ventajoso para ambos.

La quinta vaca de la mañana, por el izquierdo bajaba la cara con recorrido, pero por el derecho sacaba la cara por alto. Las embestidas eran desiguales y la fuerza era escasa, había que mimarla pero sin dejarla pensar. La aguantó si obligarla en exceso por abajo, con sitio y tiempo. El animal atendía con prontitud y pasando con pulcritud en la franela, atendiendo al cite en las cortas y largas distancias. Los naturales venían seguidos, uno tras otro. Se la dejaban muerta y con el paso atrás terminaba el muletazo y nacía otro, con mucha despaciosidad.

A la última para los espadas, Juan Ortega la inició genuflexo en la muleta. Además, se permitió el lujo de expresar su torería con profundidad. Le abrieron la embestida y se la dejaron puesta en busca de la continuidad. El animal entraba por abajo pero sin dejar de protestar, no se la podía llevar la contraria. Había que llevarle siempre por abajo, a la mínima se metía por dentro buscando el cuerpo. La torearon en corto, mostrándole la tela dejándole los vuelos para devolverla en los naturales.

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