El regreso de un Rey

En la corrida de Lima

Roca Rey, su reaparición | EFE

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ



Roca Rey pisó con firmeza y determinación el albero de su plaza, la plaza de Lima. Cortó dos orejas al primero de su lote y se aseguró la Puerta Grande. Su tarde fue una continuación de un paréntesis que parecía no haber atravesado, el mismo de siempre, sin cambios, sin dudas, sin miedo, solo le traicionaron los aceros en el sexto.

Con el primero de su lote despertó a los tendidos en el capote con verónicas y un bonito remate. La faena la inició por alto, para después alternar series por ambos pitones. Roca Rey le puso torería para compensar todo lo que le faltó a su adversario. Aún así, su faena se basó en la técnica, el temple y el mimo, la cual culminó por bernardinas y una estocada rotunda.

El sexto, sin embargo, daba la sensación de que no se lo iba a poner fácil al peruano. De hecho, en el capote el lucimiento brilló por su ausencia. En el último tercio configuró tandas con naturales de uno en uno, incluso con pases en redondo. Supo buscarle y le encontró, al menos para desarrollar lo que dibujaba con la tela. La suerte suprema se vio frustrada llegando al descabello.

Ficha del festejo:

Corrida de Toros: Acho (Lima). Toros de El Olivar y La Viña para Enrique Ponce, silencio y silencio; Finito de Córdoba, silencio y silencio; Andrés Roca Rey, dos orejas y ovación.

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