El efecto de lo absurdo

Artículo de opinión

El efecto de lo absurdo I GUARISMO DEL OCHO

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ



La temporada taurina ha puesto punto y final en Europa, sin embargo, debemos centrarnos en los percances que han ocurrido durante estos extensos siete meses. Los heridos en 2019 han superado con creces a los de temporadas pasadas, sobre todo en su gravedad. El último en recibir el alta ha sido el diestro Gonzalo Caballero, herido en Las Ventas el pasado 12 de octubre.

Los matadores cada vez arriesgan más, como consecuencia del efecto de lo absurdo, a los que les gusta “asustar al miedo”. Lo ponen todo en el ruedo y además reconocen que les pone la sensación de “me pilla o no me pilla”. No se critica, es otra forma de torear y de expresar el arte. Sin embargo, ante este hecho, el resto de diestros han empezado a jugársela innecesariamente, no les importa salir heridos, porque saben que sin sangre no hay orejas. Tampoco se está criticando, pero el público no paga una entrada para ver cómo alguien pierde la vida, sino para ver su capacidad para domeñar al astado, independientemente de su encaste.

Sin embargo, hace unos meses esto ya era más que evidente. En la Feria de San Isidro se pudo apreciar que los presidentes del coso venteño se negaban a repartir los apéndices. Parecían un artículo de lujo y por lo tanto inalcanzable, entonces muchos empezaron a replantearse su Tauromaquia. Qué buscaron. El morbo, la incertidumbre, el riesgo.

No debemos esperar a la sangre para otorgar orejas, porque una oreja no vale una vida. Se debería valorar a los espadas independientemente de las preferencias. Hay que ser capaces de abstraerse y saber ver lo que un hombre ha sabido desarrollar a partir de un animal virgen. Lo ha educado y lo ha domeñado hasta llegar al baile coordinado casi perfecto, jugando con los vuelos.

Los presidentes parecen haber olvidado las normas y el curso que se les exige para poder sentarse en el palco. El único criterio que emplean es su voluntad, olvidando que el primer trofeo lo otorga el público y no ellos.

La temporada que viene estará muy condicionada por la dureza de los palcos, aunque considero que los matadores han aprendido una gran lección. La vida es muchas cosas más que las Puertas Grandes, es aprender de los errores para no volver a cometerlos. Se debe torear de verdad sin importar lo que el presidente opine de tu Tauromaquia, algo que lleva haciendo durante años los que se mantienen fieles a su toreo.

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