El Juli, sello de calidad


El Juli, sello de calidad

El Juli en San Fermín I SERGIO RECUERO


La Feria de San Fermín sigue su ritmo sin detenerse, hoy preparaba un cartel de cinco estrellas y no porque fuera el quinto festejo desde que comenzó la feria del toro, sino por la terna y la ganadería madrileña. Realizaban el paseíllo Antonio Ferrera, Julián López “El Juli” y Pablo Aguado, tres Puertas Grandes destacables en dos plazas de primera. Sin embargo, Ferrera no alcanzó la inspiración de sus faenas en Las Ventas, así como tampoco llegaron El Juli ni Aguado a la grandeza de la Puerta del Príncipe. La ganadería acartelada era la de Victoriano del Río y uno de Cortés (1º), con toros de juego variable a los que había que saber llevar, algunos más exigentes que otros. El primero de ellos, por ejemplo, pedía una referencia para rajarse y alejarse de la tela, al resto de los ejemplares les obligaron a adaptarse a los terrenos que el matador marcaba. La suavidad y el autocontrol fueron claves en una tarde en la que los abusos con la tela y los excesos de adornos podían acabar con lo que el animal llevaba dentro. Por ello, algunos supieron buscar la evolución en sus embestidas y cuajar faenas con repercusión en los tendidos. Antonio Ferrera ralentizó y cuajó unas faenas a las que les faltaría ese punto de transmisión e inspiración a la que nos malacostumbró en la plaza madrileña. El Juli volvía a ser El Juli, la mejor versión de sí mismo, solo le falló la espada. Se llevó una oreja merecida a su Tauromaquia y buena mano con el de Victoriano. Por último, destacar a Pablo Aguado, quien acompañaba a la vez que templaba las embestidas del animal con el movimiento acompasado de su cuerpo y la tela. La mejor versión de la terna se apreció en el ecuador de la tarde, a excepción de Pablo Aguado, acortando con descaro. 
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