El valor, en Madrid, se presupone

El valor, en Madrid, se presupone


Alberto López Simón en San Isidro I PLAZA 1


El valor, la torería, la inspiración y los nombres propios marcaban la terna del festejo. Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Alberto López Simón serían los encargados de estoquear a los ejemplares de la ganadería del Puerto de San Lorenzo y Ventana del puerto. Unos astados de comportamiento variable entre ellos, en los que cabe destacar las buenas maneras del tercero, hasta la penúltima tanda, cuando se descoordinó. El resto se debatían entre la querencia y la obediencia mínima, se dejaban llevar hasta donde querían. Muy exigentes. El valor de López Simón recogió la única ovación de la tarde. Recibió una fea voltereta con las bernardinas en las que le envainó la pierna. Se recompuso, pero sin fuerza y aturdido culminó las bernardinas e intentó matar al estilo suicida, sin muleta y dejándose caer entre las astas. El lote de Ferrera, tanto el primero como el cuarto dejaron embestidas desiguales y descompuestas. Lo que llevaron al diestro a estructurar faenas justas y medidas en las que no había opción para el lucimiento, a pesar de su intento en el capote. En cuanto a Miguel Ángel Perera, sin opciones. El primero seguía el engaño, pero impedido, no apoyaba la mano derecha y le costaba seguir los engaños con fuerza, se mostraba dolido. El segundo fue desagradecido, manso y ajeno a la faena. Los toros no fueron los únicos ejemplares a lidiar, el viento marcaba su territorio y se apoderó de la plaza. Los diestros mientras tanto hacían lo posible por evitarlo. 

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